Ya llegó, y ya pasó el día más
esperado del año, Madre, para tus romeros. Pero este año ha sido sin duda mucho
más especial.
Más especial, porque llevábamos
sin verte desde el pasado mes de enero, cuando tuviste que dejar tu casa para someterte
a la restauración, ¡que largos se han hecho los días, cuando llegábamos a la
parroquia y no estabas en tu camarín! Pero el reencuentro ha valido la pena,
llegas de nuevo a casa, radiante y sonriente, para ser bendecida por nuestro
párroco, D. Juan Dorado Picón, y para celebrar un solemne septenario
extraordinario previo a tu Romería, en la que de nuevo volverás a tu ermita,
como hace cuatro años.
Los cohetes nos despiertan, y al
llegar a tu casa te encontramos subida a tu carreta, rodeada por una colorida alfombra
de flores, dispuesta para ver amanecer el día, mientras rezamos el Santo
Rosario por las calles de tu barrio. Tras este, empezamos el camino, haciendo
un alto para celebrar la misa de Romeros en el Roso. Al finalizar esta no
pudimos bailar nuestra tradicional sevillana ante Ti, ya que la lluvia no quiso
perderse este día.
Al llegar al tu Ermita, tus
romeros se agolpan para verte en tu altar, engalanado para la ocasión, y para
ofrecerte sus oraciones, cantos, para pedirte tu protección o para darte las
gracias por protegernos y consolarnos cada día.
Aunque fue mucha la lluvia caída
durante el día, el sol también quiso aparecer para acompañarte durante el camino
de vuelta, junto al viento, el característico solano de nuestra tierra, que
quiso acariciar tu cara y deslizarse por los tirabuzones de tu pelo.
Pudimos disfrutar de un recogido
rezo del Rosario al comenzar el camino de vuelta y de unas sevillanas cargadas
de sentimiento al llegar cortijo del Roso. Al entrar en tu pueblo tus vecinos
te esperaban para recibirte. Este año pudimos vivir un momento muy especial,
verte pasar por Tia Mariquita, en tu carreta, tirada por dos hermosos bueyes,
dejando una estampa para la historia de nuestra hermandad. En todos los templos
de nuestra villa te esperaban las hermandades de tu pueblo para recibirte y al llegar
a tu casa, tras despedir a las carrozas de tus romeros en la calle la cruz, una
gran lluvia de pétalos para recibirte de nuevo en tu casa junto al cante de una
sevillana acompañada por el baile de la misma.
Ahora se podría decir que solo
queda esperar un año, para poder volver a caminar junto a Ti, pero eso no es
así, porque tu Madre, caminas a nuestro lado cada día.
Ana Pilar Linares Echevarría
Secretaria

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